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Una pregunta que nadie quiere responder
El precio de la gasolina se ha disparado. Las facturas de la luz han vuelto a ser noticia. Los gobiernos anuncian planes de emergencia, bonificaciones y parches de todo tipo.
Y mientras tanto, nadie en los grandes foros internacionales formula las preguntas más obvias:
¿Por qué los gobiernos no invierten en hidrógeno verde u otras energías alternativas? ¿Por qué seguimos dependiendo del petróleo en 2026?
No son preguntas retóricas. Tienen respuesta. Y esa respuesta es incómoda para mucha gente con mucho dinero.
La ciencia lleva décadas diciéndonos lo mismo
El hidrógeno verde no es una tecnología del futuro. Es una tecnología del presente a la que se le han negado sistemáticamente los medios para madurar.
La electrólisis del agua, el proceso básico para producir hidrógeno limpio, fue descrita científicamente en 1800. Sí, hace más de doscientos años. La pila de combustible, que convierte ese hidrógeno en electricidad, fue inventada en 1839.
No estamos ante un misterio científico sin resolver. Estamos ante una tecnología que ha sido mantenida deliberadamente en los márgenes del sistema energético global mientras los combustibles fósiles acumulaban décadas de subvenciones, infraestructura construida con dinero público y protección política activa.
La pregunta no es si el hidrógeno verde funciona. Funciona. La pregunta es… ¿¡por qué no está en todas partes todavía!?
Para mí la respuesta es bien sencilla, el hidrógeno, a pesar de no estar habitualmente en nuestro planeta en su forma gaseosa H², es muy abundante ya que forma parte de la inmensa cantidad de agua con la que sí que contamos, eso lo convierte en un vector de energía que podría ser obtenido y usado en prácticamente cualquier parte del mundo y a un coste muy bajo si se hubiesen invertido los mismos medios y capital que para los combustibles derivados del petróleo.
Pero eso acabaría con la hegemonía de los escasos, pero tan poderosos, lobbys de la energía que llevan décadas controlando las economías de todo el mundo. Si monopolizas la energía controlas el mundo.
El dinero que sobra para la guerra y falta para la energía
Hagamos un ejercicio sencillo de números.
Solo en los primeros días del conflicto con Irán, los mercados estimaron pérdidas económicas globales por el encarecimiento del petróleo que se miden en cientos de miles de millones de dólares. El coste de mantener escoltas navales en el estrecho de Ormuz, de gestionar reservas estratégicas, de subvencionar el impacto en las economías domésticas, suma cada año una cifra astronómica.
¿Cuánto se invierte globalmente en investigación de energías limpias y soberanas? Una fracción pequeña de eso.
La Agencia Internacional de la Energía estima que las subvenciones globales a los combustibles fósiles superaron el billón de dólares en años recientes. Un billón, con B. Para sostener exactamente el sistema que nos tiene de rodillas cada vez que alguien enciende un conflicto en Oriente Medio.
No es un problema de recursos. Es un problema de a quién beneficia el sistema actual.
¿Quién frena realmente la transición?
Seré directo, porque este es un espacio de opinión y no de diplomacia.
Los gobiernos no son víctimas pasivas de esta situación. Son, en muchos casos, cómplices activos. La relación entre las grandes petroleras, los fondos soberanos de países productores y los ciclos electorales de las democracias occidentales es demasiado estrecha para ser casual.
No hace falta buscar conspiraciones. Basta con mirar el rastro del dinero en los lobbies energéticos de Bruselas, Washington o Madrid. Basta con observar cuántos exministros de energía terminan en consejos de administración de compañías petroleras. Basta con contar cuántas cumbres climáticas han celebrado sus cócteles de gala patrocinados por las mismas empresas que más CO₂ emiten al año.
El problema no es que no sepamos cómo hacer la transición. El problema es que hay actores muy poderosos para quienes esa transición es una amenaza existencial a sus modelos de negocio.
Y mientras esos actores sigan teniendo más influencia sobre los gobiernos que los ciudadanos, el hidrógeno verde u otras energías alternativas y más respetuosas con el medio seguirán siendo «prometedoras» en lugar de una realidad consolidada.
Lo que podríamos tener hoy si hubiéramos elegido diferente
Esto es lo que más duele.
Si los fondos destinados en las últimas tres décadas a subvencionar combustibles fósiles, a librar guerras por el control de recursos energéticos y a gestionar sus consecuencias climáticas se hubieran dirigido a investigación y despliegue de energías limpias y soberanas, el mundo de 2026 sería radicalmente diferente.
El hidrógeno verde producible en cualquier rincón del planeta con agua y una energía renovable, ya sería hoy una realidad madura, barata y universal. No una promesa para 2030 o 2035. Una realidad hoy.
La energía solar y eólica, combinadas con almacenamiento en hidrógeno, podrían dar autonomía energética real a países que hoy son pobres precisamente porque dependen de importar combustibles que no pueden permitirse. Hablamos de África, de zonas rurales de Asia o Sudamérica, de comunidades enteras que viven sin acceso a energía estable no por falta de sol o viento, sino por falta de voluntad política global para darles las herramientas.
La soberanía energética no es solo un asunto de ricos asustados por el precio de la gasolina. Es una cuestión de justicia global.
Esto no es un problema técnico
Quiero terminar siendo muy claro, porque hay una narrativa instalada que me parece profundamente deshonesta.
Cuando escuchas que «el hidrógeno verde todavía no es viable a gran escala», la pregunta correcta es: ¿viable para quién? ¿Bajo qué condiciones de inversión? ¿Con qué nivel de prioridad política?
La tecnología nuclear, que es infinitamente más compleja y peligrosa, se desarrolló en años bajo presión bélica y con financiación masiva de los estados. La carrera espacial llevó al ser humano a la Luna en menos de una década cuando hubo voluntad política real de lograrlo.
No tenemos un problema de capacidad científica ni tecnológica. Tenemos un problema de prioridades. Y esas prioridades las eligen personas. Personas que pueden ser presionadas, votadas, o apartadas del poder.
Los ciudadanos tenemos más poder del que creemos. Pero primero hay que entender bien el tablero.
Amplía tu información
— Subvenciones a combustibles fósiles superaron el billón — Climática. El dato más contundente del artículo: más dinero para fósiles que para renovables.
— Proyectos hidrógeno renovable España 2026 — Enagás. Fuente técnica con cifras actualizadas de proyectos reales.
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